El rey 馃ご Nabucodonosor mand贸 hacer una estatua de oro , que ten铆a treinta metros de alto por tres de ancho , y orden贸 : “ Todo aquel que no se arrodille y adore a la estatua, ser谩 arrojado inmediatamente a un horno encendido.”
Unos caldeos aprovecharon esta oportunidad para acusar a los judios ante el rey 馃ご Nabucodonosor:
- Hay unos judios , a quienes Su Majestad puso al frente de la administraci贸n de la provincia de Babilonia, que no guardan el menor respeto por Su Majestad , ni adoran a los dioses ni a la estatua de oro que Su Majestad ha mandado levantar . Ellos son Sadrac, Mesac y Abed-neg贸.
Nabucodonosor se puso muy furioso, y mand贸 que llevaran ante 茅l a Sadrac, Mesac y Abed-neg贸 .
Despu茅s de escuchar al rey, ellos respondieron:
- No tenemos por qu茅 discutir este asunto - contestaron los tres jovenes - . Nuestro Dios , a quien adoramos , puede librarnos de las llamas del horno y de todo el mal que Su Majestad quiere hacernos, y nos librar谩 . Pero , a煤n si no lo hiciera , sepa bien Su Majestad que no adoraremos a sus dioses ni nos arrodillaremos ante la estatua de oro.
Al o铆r 馃憘 Nabucodonosor estas palabras , la cara se le puso roja de rabia 馃槫 contra los tres jovenes .
Entonces orden贸 que se calentara el horno siete veces m谩s de lo acostumbrado; luego mand贸 que algunos de los soldados m谩s fuertes de su ej茅rcito ataran a Sadrac, Mesac y Abed-neg贸, y que los arrojaran a las llamas del horno. El horno estaba muy encendido , las llamas alcanzaron y mataron a los soldados que hab铆an arrojado en 茅l a los tres jovenes, los cuales cayeron atados dentro del horno.
Entonces Nabucodonosor se levant贸 r谩pidamente, y muy asombrado dijo a los consejeros de su gobierno:
- ¿ No arrojamos al fuego 馃敟 a tres hombres atados ?
- Asi es - le respondieron.
- Pues yo veo cuatro hombres desatados, que caminan en medio del fuego 馃敟 sin que les pase nada, y el cuarto hombre 馃懆馃徎 tiene el aspecto de un 谩ngel.
Y diciendo esto, Nabucodonosor se acerc贸 a la boca del horno y grit贸 :
- ¡ Sadrac , Mesac y Abed- neg贸, siervos del Dios Alt铆simo , salgan y vengan aqu铆 !
Los tres salieron de entre las llamas y los que estaban all铆 presentes comprobaron que ni un pelo de la cabeza se les hab铆a chamuscado ni sus vestidos se hab铆an estropeado , y que ni siquiera ol铆an a quemado.
En este momento Nabucodonosor exclam贸 : “ ¡Alabado sea el Dios de Sadrac , Mesac y Abed- neg贸, que envi贸 a su 谩ngel 馃槆 para salvar a sus siervos fieles !”
